Cómo funciona la Terapia Craneosacral

La Terapia Craneosacral (TCS) es una forma de tratar a las personas de una forma integral. Esta terapia es muy poco conocida en España, no así en Estados Unidos, que está integrada en los hospitales, o en algunos países europeos donde está incluida en las opciones de tratamiento que cubre la seguridad social. Se trata de un tratamiento muy sutil, pero con muchas posibilidades en cuanto a los estados patológicos que puede tratar, ya que la premisa básica es que el organismo es capaz de sanarse o autorregularse si se le facilitan las condiciones necesarias y precisamente de esas condiciones es de lo que quiero hablar hoy.

El doctor Andrew Taylor Still, padre de la osteopatía moderna, elaboró 4 leyes o principios que él consideraba operaban en todos los procesos de curación:

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Primero: La unidad del ser humano: cuerpo, mente y espíritu como una unidad indivisible.


Segundo: principio de autocuración: nuestro organismo posee todos los medios para restaurar la salud. Un ejemplo sería cuando algo lastima nuestra piel y nos produce una herida. Si esto ocurre tenemos la certeza de que nuestro cuerpo va a reparar esa lesión y va a restaurar la barrera que nos protege y a la vez comunica con el exterior. Confiamos en que tiene los recursos para hacerlo y aunque pongamos un antiséptico o una tirita, sabemos que es el organismo el que va a hacer el trabajo.


Tercero: la estructura gobierna la función, es decir que si hay una alteración en la estructura de un órgano, músculo, sistema… tarde o temprano la función se va a ver alterada. Por ejemplo, si tenemos un músculo con sus fibras musculares contracturadas va a acabar funcionando peor de lo que debería. Y a la inversa, un funcionamiento alterado a la larga producirá cambios en la estructura. Por ejemplo, si los vasos sanguíneos del corazón no funcionan bien y no llevan la sangre a donde se necesita, el tejido puede acabar necrosándose y produciéndose un infarto de miocardio.


Cuarto: la ley de la arteria es suprema. Para el doctor Still lo más importante era una irrigación adecuada, pues eso es lo que fundamentalmente él consideraba que apoyaba la autocuración. La sangre es la que aporta los recursos necesarios para que el proceso de autorregulación se lleve a cabo.


Y aquí es donde entra la Terapia Craneosacral y las que yo considero que son las 2 premisas básicas por las que se obtienen tan buenos resultados en tantas patologías diferentes.


Por un lado, la TCS actúa movilizando los líquidos del organismo. Al movilizar el líquido cefaloraquídeo dentro de las meninges (capas de tejido fascial que recubren al sistema nervioso), todos los líquidos del cuerpo responden aumentando su flujo: sangre venosa, sangre arterial y linfa. Esto hace que no solo lleguen recursos (oxígeno, nutrientes, sustancias necesarias para la reparación de tejidos, células del sistema inmune, etc.) a las regiones que los necesitan si no que se eliminen los residuos que se generan a nivel celular de forma más rápida y efectiva. Y hoy sabemos cuan necesarios son estos procesos de eliminación y cuáles son las consecuencias de que no funcionen correctamente: cáncer, enfermedades neurológicas, metabólicas y endocrinas entre otras.


Por otro lado, algo que seguramente el Dr Still no observó tan agudamente en sus pacientes, porque eran otros tiempos: que el estrés crónico que padecemos la mayoría de las personas que vivimos en los países “desarrollados”, nos dificulta contactar con nuestros recursos de autocuración. Nuestro sistema nervioso autónomo está hiperreactivo, siempre hay un “tigre con dientes de sable” persiguiéndonos, a punto de comernos. Ya sean nuestras exigencias laborales, familiares o sociales, siempre hay algo a lo que no llegamos, que nos mantiene corriendo internamente y con una sensación de desasosiego porque ni llegamos, ni llegaremos, ya que las exigencias, muchas veces, son superiores a lo humanamente posible. Todo esto nos produce una descompensación en nuestro Sistema Nervioso Autónomo, que es el encargado de regular esos procesos que ocurren en nuestro organismo sin que seamos conscientes, desde el latido de nuestro corazón y cuanta sangre se desplaza por el sistema circulatorio hasta el proceso digestivo, pasando por si nos apetece interactuar socialmente o preferimos quedarnos en casa viendo 10 capítulos seguidos de nuestra serie favorita. El estrés crónico favorece la hiperactivación de la rama Simpática de nuestro Sistema Nervioso Autónomo, lo que se conoce como respuesta de lucha-huida, y más recientemente el Dr Porges ha demostrado, con su Teoría Polivagal que, si ese estrés sobrepasa ciertos límites, como en el síndrome de estrés postraumático, o en un ataque con violencia, el efecto es el opuesto, esto es, la congelación, lo cual sería una hiperactivación de la rama Parasimpática del Sistema Nervioso Autónomo.


Lo ideal-deseable: un equilibrio entre ambas ramas. Esto se produce de forma natural en la sesión de Terapia Craneosacral, facilitando a la persona la conexión con los recursos de autorregulación. Sea lo que sea lo que nos esté afectando el solo hecho de contactar con nuestros recursos de autocuración hacen más llevaderos ciertos procesos y situaciones y nos acerca a la mayor expresión de nuestra salud posible.


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